Cuanto mide lo mas grande que existe..?

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Cuanto mide lo mas grande que existe..?

Notapor PedroJ » 27/5/2008 12:03

Pues muy facil, una cosa con forma de donuts que mide 56 billones de años luz de punta a punta.

http://www.nature.com/news/2008/080523/ ... 8.854.html




Salud :smt025 s
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Notapor franc » 27/5/2008 12:11

No me queda claro si es nuestro universo, supongo que sí.




saludos
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Notapor PedroJ » 27/5/2008 12:13

franc escribió:No me queda claro si es nuestro universo, supongo que sí.

saludos



Si, ya tenemos las escrituras, tardaban un poco pero...

Saludos
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Notapor satanas » 27/5/2008 14:53

absurdo!!!.
..todo el mundo sabe que el universo tiene forma de tabernáculo :twisted:

y hay quien tiene los planos!!! :lol: :lol: :lol:
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Notapor Joel » 17/8/2008 00:52

Un momento..... eso del universo con forma de toroide creo que ya lo dijo Homer Simpson en un capítulo de hace unos cuantos años, (Homer mantenia una conversación con Stephen Hawking sobre la forma del universo).
Поехали!
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Notapor NatxoVallirana » 18/8/2008 22:08

Creo que estàis equivocados . Lo más grande es la ignorancia humana seguida por la necedad y el tamaño de lo primero ronda el infinito.


:?

Saludos :)
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Notapor Carlos V. » 19/8/2008 00:11

Natxo Vallirana escribió:Creo que estàis equivocados . Lo más grande es la ignorancia humana seguida por la necedad y el tamaño de lo primero ronda el infinito.


Pues sí seguramente. Y la ingratitud también. Esto me recuerda una historia. "La Leyenda del Deán de Santiago" que mucho tiene que ver con la necedad y la ingratitud humana. Yo leí, hace ya mucho, la versión que escribió Borges. Más o menos, de lo que recuerdo del relato, la historia es como sigue...

:smt096


:smt074 Hace muchos siglos en la antigua ciudad de Santiago, el deán de la catedral y su tío el obispo de la ciudad, charlaban sobre la reciente elección del nuevo Papa, Monseñor Denegri.

-Como te decía sobrino, a este pájaro lo conozco muy bien desde mi época de seminarista en Roma.

El deán se asombró escuchando hablar a su tío de esta manera sobre su Santidad.

-No te extrañes, prosiguió el obispo. Este tipejo era uno de los mayores pillastres, no sólo de la ciudad sino, probablemente, de toda Italia. Le reprendí yo más de una vez reprochándole sus robos a ancianas y pequeñas estafas y hurtos a comerciantes y tenderos cuando él no tenía más de trece o catorce años. Yo mismo, en aquel entonces, hubiese apostado a que el chico terminaría sus días columpiándose en la horca antes de cumplir los veinte años.

El caso es que el chavalote tenía como madrina a una de las gitanas más versadas en las artes místicas de todo el país. Sus malas artes forjaron la carrera del ahora Papa. Te diré que con diecisiete años entró en el seminario. Antes de un año ya era ordenado sacerdote. No tenía aún los veinte años y ya era deán de la Capilla de San Sulpicio en Roma. Antes de los veinticinco se le nombró obispo de Florencia. Cardenal antes de los treinta y, ahora, ha sido elegido Sumo Pontífice con sólo treinta y cuatro años.

- ¿Y decís, tío, que esa carrera fulgurante es debida a los favores del Diablo?

El obispo miró a todos lados con aire de inquietud como si temiese ser observado u oído, precaución inútil ya que ambos estaban solos en la sala.

-Desde luego-prosiguió- no podemos atribuirla a haber seguido el recto camino que Jesucristo nos marcó. Hay algo muy extraño en todo ello.-arrimó la silla hacia su sobrino y bajó la voz al hablar-. El Maligno, sobrino, puede valerse de las más extrañas artimañas para llevar a cabo sus macabros designios. ¿Qué te parece que el actual Papa consiguiese el puesto de deán tras sufrir un extraño accidente el deán anterior?¿O qué fuese nombrado obispo en sustitución de Monseñor Caroli, obispo hasta entonces de Florencia?.
Caroli, yo lo conocía muy bien, era un hombre de cuarenta y pocos años. Lleno de vitalidad. Había sido nombrado sólo tres meses antes e, inexplicablemente, cayó enfermo de un día para otro. Ningún físico supo dar razón de su mal. El caso es que falleció a los pocos días. Tras su muerte, todos pensaron en el arzobispo Montelvi, otro hombre lleno de sensatez, para que le sustituyese. Bueno, Montelvi, como sabes, enloqueció. –Se santiguó devotamente-. Mucho se habló del caso. Según explicaron sus allegados, en sus delirios, afirmaba tener visiones demoníacas e infernales y visitas nocturnas provenientes del averno. Yo entré en su habitación y te aseguro- y abrió mucho los ojos al decirlo- ¡su habitación apestaba a azufre!.

Yo era obispo de Padua en aquel entonces. Cuando supe que uno de los cardenales había, accidentalmente, tropezado y caído escaleras abajo en su casa y se encontraba agonizante…hice cuentas y descubrí que yo era el clérigo con más posibilidades de ser proclamado cardenal tras su muerte. Eso me ponía justamente en medio del camino de Monseñor Denegri. Simplemente decidí apartarme de su camino. Le dejé vía libre. Créeme si te digo que mi vida pendía de ello. Supe de la posibilidad de volver a España, a Santiago como obispo, y me agarré a ella. –Suspirando concluyó-Renuncié al cardenalato y, muy probablemente, al papado. De no haber existido Denegri, ahora sería yo Papa, sobrino.

:smt077

El deán salió muy perturbado de la charla con su tío. Mientras paseaba por un bosquecillo de una colina cercana a la ciudad, pensó que para alcanzar las más altas jerarquías eclesiales que tanto ansiaba, iba tener que echar mano a medios no precisamente compatibles con la moral cristiana. Dedujo que de poseer conocimientos en las artes mágicas, para él, sería muy sencillo conseguir no únicamente el cardenalato sino quizá incluso…¡el papado!. ¿Por qué no?.

Ensimismado en sus doradas ensoñaciones miró hacia la ciudad y vio que la luna brillaba casi con la misma claridad del día y vio a sus pies la ciudad con los edificios blanqueados bajo el resplandor lunar.

Recordó, entonces, que en Santiago vivía un hombre con una más que afamada reputación de brujo, nigromante y alquimista. Se decía de él que no sólo era la persona más versada en las artes mágicas y la adivinación en toda la región sino muy probablemente en todo el Reino.
De él se comentaban las cosas más curiosas y peregrinas. Desde que no se reflejaba en los espejos hasta que su presencia en cualquier lugar era anticipada por el maullido de un gato espectral, blanco como la nieve, que aparecía de la nada. Muchos aseguraban que el propio Diablo en persona le había dado en posesión el Libro de San Ciprián. Libro esotérico que revelaba a su dueño los lugares en que se ocultaba cualquier tesoro enterrado. Más de una vez había tenido problemas con el Santo Oficio pero, en realidad, nunca había podido demostrarse nada contra él.

Resolvió, entonces, que esa misma mañana iría a visitarle y a pedirle que le ilustrase en las ciencias mágicas y ocultas que este hombre dominaba como nadie.
Tan cavilante estaba en sus pensamientos que le sorprendió el amanecer todavía caminando por el bosquecillo. Gatos negros caminaban de puntillas por el mar de tejados de la ciudad mientras los rayos del sol doraban las torres de la catedral. Presurosamente regresó a las calles de Santiago.

:smt077

No conocía exactamente donde se encontraba la guarida del brujo pero recordaba, por lo que había oído contar, que se hallaba en la parte más recóndita de la ciudad. Tras caminar largo tiempo por las estrechas callejuelas de Santiago acabó por confesarse perdido. Era tan temprano todavía que no se veía un alma por las calles. Se paró un momento y he aquí que presintió la presencia de alguien a su lado.

¡Epa!. Se giró en un momento y se sobresaltó al ver un viejo apoyado en un árbol que le observaba. Su figura extraña, no parecía terrenal.
Sobreponiéndose a la impresión, acertó a interrogarle.

-Buen hombre, ¿sabríais decirme donde mora un físico y sabio muy reputado y notable conocedor de las más altas ciencias místicas?

El anciano haciendo una mueca tan extravagante en un mortal que heló la sangre del deán, contestó con una voz que parecía venida de ultratumba.

-¿Qué buen cristiano querría tratos con brujos y magos?¿Tal vez, vos, señor?.-y recargando mucho la frase- Si es así, ahí está la casa que buscais...
Levantó su dedo índice señalando el lugar. Sus ojos perdidos, como muertos, y su sonrisa sardónica estremecieron al deán.

El eclesiástico que empezaba a dudar si su extraño interlocutor era hombre o espíritu le dio las gracias y se alejó lo más rápido que pudo dirigiéndose hacia la casa.

Se admiró mucho de encontrar una vivienda sobria y elegante, casi un palacete, al menos en su fachada, cuando el deán esperaba encontrar una casona sombría y solitaria ya que según se decía en la ciudad, la casa tenía fama de estar embrujada.

Al acercarse más reparó en una lechuza que desde una rama le observaba con fijeza. Casi parecía que estuviese montando guardia. Sintió un frío extraño justo antes de llamar a la puerta y creyó escuchar algo similar a una extraña y distante melodía. Un silbido fantasmal que se fundía con el viento. Como una voz venida de otro mundo. “¿Qué es esa música?”-pensó estremeciéndose-. Luego sonó el viento entre las hojas de los tilos. Rió aliviado y agitó la pequeña campanilla de cobre que colgaba en el dintel de la puerta.

Tras llamar se maravilló de nuevo de ser recibido por una lindísima joven rubia, de labios nacarados y de grandes y felinos ojos verdes soñadores. Ciertamente se había imaginado que el mago tendría una criada vieja y encorvada con la cara salpicada de granos y excrecencias repugnantes. Lejos de eso, aquella galaica beldad, de belleza turbadora. Embrujante y misteriosa. Envuelta en un aura hechicera y fantástica.
Sorprendentemente, sin preguntarle su nombre ni interesarse por quién era, le invitó a entrar con un misterioso…”Buenos días, señor deán, pase por favor, mi señor le está esperando”.

Si la belleza de la joven era ya por natural arrebatadora ésta se incrementaba por las vestimentas que cubrían su cuerpo. Una especie de sábana que se ceñía a sus curvas voluptuosas desde justo por encima de sus pezones hasta los tobillos. Dejando desnuda la espalda, los hombros, el cuello y gran parte de sus senos. Contorneando y marcando los volúmenes de la joven. De tal manera que parecía esculpida. Un cinto ceñía la tela a la estrecha cintura de la mujer. Mostrando, al pobre y apocado deán que no salía de su turbación, casi la totalidad de unos pechos turgentes, grandes y redondos que se desbordaban por falta de tela que los ocultara. El vestido era largo pero tan ceñido que se abría en uno de los lados casi hasta la cintura dejando completamente a la vista del clérigo una pierna de alabastro. Larga y torneada. Enguantada hasta la rodilla por unas sandalias de cinta. La chica se movía contorsionándose al ritmo cimbreante de sus caderas. Luciendo sin rubor sus curvas de vértigo. Anchas espaldas, cintura estrecha y caderas generosas turbadoramente complementadas con unas maravillosas nalgas marinas.

La joven sonrió al notar el sonrojo en la cara del deán. El hombre creyó prometerse con ello los más infernales de los goces. Seguidamente le tomó de la mano y lo condujo a un recibidor muy limpio y bien amueblado y le obsequió con una copa de vino con especias mientras le pidió que esperase unos minutos. Finalmente, desapareció.

Poco después volvió a reaparecer la joven y le pidió que la acompañase a otra habitación. Allí pudo comprobar como habían sido retirados una serie de muebles que mostraban una especie de argolla o portezuela en el suelo. La argolla pesada de piedra había sido levantada. En su superficie tenía grabados enigmáticos símbolos cabalísticos. En el hueco dejado por la losa una serie de peldaños de madera que se sumergían en la oscuridad del subsuelo revelando sabe Dios qué.
Sin duda los muebles servían para ocultar aquella entrada secreta a los sótanos de aquel lugar. Se preguntó si había sido la chica la que había levantado aquella losa y movido aquellos muebles. Rápidamente descartó la idea por absurda. Ni media docena de hombres fornidos habrían podido realizar tamaña hazaña.
La joven, puso una lámpara de aceite en un aplique a la entrada del subterráneo y le pidió que bajase por aquella intrincada red de escalones ya que más abajo le esperaba el mago, su señor.

Con visible intranquilidad, el hombre comenzó a bajar por la escalera pero no bien había descendido una docena de peldaños cuando vio horrorizado como la joven, con sus propias manos y sin aparente esfuerzo, volvía a poner la pesada losa sobre la apertura sellando así la entrada de tan insondable abismo. Gritó con todas sus fuerzas y volvió a golpear la losa pidiendo que le abrieran pero no hubo respuesta del exterior. A la tenue luz del candil decidió, entonces, seguir bajando la escalera que parecía enroscarse en la roca como un caracol según descendía. Cuando estaba ya seguro y desesperado en la creencia de que había caído en una trampa y que no saldría de allí jamás vislumbró una pequeña luz a lo lejos. Cuanto más bajaba, la luz, como en un sueño, se iba volviendo más clara hasta que las tinieblas se transformaron en una luz roja y fantástica y la angosta escalera se volvió una habitación amplia y espaciosa. Un gran salón labrado en los subterráneos de la ciudad.

Lo primero que sintió fue un repugnante y picajoso olor a fósforo y azufre. Luego, vio lo que parecía un laboratorio de alquimia. Una serie de matraces y recipientes de cristal conteniendo extraños fluidos burbujeantes y vaporosos de muchos colores distintos rojos, azules y blancos. Frascos de vidrio y balones de destilación, alambiques y extrañas piedras doradas colocadas en formas variopintas. Mecheros, retortas y termómetros. Artilugios parecidos a relojes. Bolas de cristal. Y, en el centro, una gran marmita mágica. De ella brotaba una humareda roja como la sangre. Rodeando todo ello, una hilera de estanterías cubiertas de libros. Muchos de ellos debía hacer décadas que no eran consultados y estaban cubiertos de polvo y telarañas. Ciertamente una gran biblioteca en el corazón de aquel lugar antesala del averno.

En una esquina, iluminado por una vela, absorto en la lectura, o eso creyó el deán, un hombre de unos setenta años. De largas barbas canas, cejas espesas y cabellos plateados y largos. Vestido con una extraña capa o más bien camisón de raso con mangas anchas, azul celeste con inscripciones y estampados dorados de lunas, estrellas y otros símbolos astrológicos. Cabeceante casi dormitando con un enorme libro entre sus manos sumido en mágico encantamiento quien sabe si desde hacía siglos. Se apoyaba el libro en una mesilla presidida por lo que parecía ser un cráneo humano.

No bien salía el deán de su asombro cuando el anciano pareció volver a la realidad desde muy lejos. Desde una gran distancia. Y con una prestancia casi sobrenatural se irguió y se acercó al clérigo saludándole.

-Hacía mucho que le esperaba-le espetó el anciano-.
Le dijo que adivinaba que era deán, hombre de buena posición y buen porvenir, que sabía del porqué de su visita y que temía, una vez le hubiese ayudado, ser olvidado luego por él. El deán le prometió y aseguró, de todas las maneras que le fue posible, que nunca olvidaría aquella merced tan importante que iba a brindarle, y que podía estar seguro de que estaría siempre a sus órdenes. Y que, una vez alcanzada una alta posición gracias a sus artes, nada tendría que temer el brujo ya que quedaría bajo su protección.

Satisfecho el hechicero con las razones y garantías dadas por el deán, le explicó que no era lugar aquel para hablar con tranquilidad y que mejor lo harían en el salón de su casa ante una buena comida.

Feliz el deán daba gracias al mago cuando en la mesa más próxima a él advirtió que algo que no podía identificar corría raudo abriéndose paso hábilmente entre la multitud de objetos. Con tan poca luz no estaba seguro de qué se trataba. Pensó en una especie de animal, un cangrejo o, tal vez, una araña de gran tamaño lo que provocó su espanto. El ser dio un salto prodigioso y quedo quieto sobre la mesa al lado mismo del hechicero y del clérigo. El deán dio un grito y casi cae desmayado. El objeto en cuestión, no cabía duda, era una mano humana. ¡Una mano cortada!. Tumefacta y ennegrecida.
El mago la cogió y ésta se movió retorciéndose en sus manos. Guiñándole un ojo al deán exclamó.

-Es la mano de un ahorcado. Un talismán extraordinario. ¡Abre todas las puertas!. Bueno…ahora salgamos de aquí.

Se disponía el deán a subir los escalones cuando el brujo le increpó: “Toque mi capa”. No bien lo hubo hecho cuando, mágicamente, se halló transportado hasta el primer escalón de la escalera que había bajado, es decir, hasta la losa que cubría la secreta escalinata. Una vez allí, el anciano tomó, en sus manos, un amuleto que llevaba colgado a su cuello, la sagrada Estrella de David, y tocó con el talismán la piedra que sellaba la entrada. Susurró, al tiempo, un extraño sortilegio. De nuevo, por encantamiento, se abrió la losa y se vio en la habitación. Una preciosa gata blanca de ojos verdes estaba esperándolos. Maulló feliz al ver al brujo y salió de la habitación.

:smt077

El nigromante llamó a la sirvienta y le pidió que tuviese perdices para la cena, pero que no las pusiera a asar hasta que le mandara. Luego tomó asiento y, tras fijar unos inteligentes ojos celestes en el clérigo, le pidió al deán que hiciese lo propio para hablar de sus cosas y de sus futuros proyectos.

Justo en ese momento llamaron a la puerta. Entraron dos hombres preguntando por el deán. Traían una carta para él. Estaba escrita por el obispo de Toledo, muy amigo suyo, en la que le hacía saber que estaba muy enfermo y que, si quería volver a verlo con vida, no perdiese ni un momento y se pusiese en marcha hacia Toledo. Al deán le entristeció la dolencia de su amigo pero aún más el tener que interrumpir sus estudios y, desde luego, de ningún modo pensaba privarse de los más que posibles y ardientes besos de la joven sirvienta. Así que optó por escribir una disculpa y la mandó al obispo. Prosiguió de esta manera con sus estudios y con sus noches de tórrida pasión.

No obstante, a los pocos días llegaron unos hombres de luto con nuevas para el deán. El obispo de Toledo había fallecido. Estaban eligiendo sucesor y esperaban, según los deseos del propio obispo difunto que fuera él el elegido.

El deán, exultante, olvidó rápido las clases y aún a su deslumbrante compañera de cama y se trasladó con urgencia a Toledo y, ciertamente, no más llegar fue proclamado obispo.

Cuando el brujo supo de estas noticias marchó inmediatamente a Toledo y se presentó ante el nuevo obispo. Le hizo saber lo complacido que estaba por la noticia y se congratulaba de que todo le estuviese yendo tan bien. Luego le pidió el puesto de deán vacante de Santiago para uno de sus hijos. El obispo le respondió que había reservado ese puesto para su propio hermano, pero que no se preocupase, porque fiel a la palabra que le había dado estaba determinado a favorecerle.

Tres meses después un correo del Papa informó al obispo que había sido nombrado arzobispo de Barcelona. Cuando el mago supo esto, viajó inmediatamente a Barcelona, le recordó la antigua promesa y le pidió el título de obispo de Toledo para su hijo. El arzobispo le hizo saber que había reservado el obispado para su propio tío, hermano de su padre, pero que no se preocupase ya que estaba determinado a favorecerle. El brujo no tuvo más remedio que asentir.

Pasó un año y recibió el arzobispo nuevos correos del Papa. Éste le ofrecía el capelo de cardenal, dejando a su libre albedrío el nombramiento de sucesor. Cuando el mago supo esto, le recordó la antigua promesa y le pidió el arzobispado para su hijo. El cardenal le hizo saber que había reservado el arzobispado para su propio tío, hermano de su madre, pero que, de todas maneras, estaba determinado a favorecerlo.

Pasaron varios años y murió el Papa. Nuestro cardenal, antiguo deán de Santiago, fue elegido para el papado por todos los demás cardenales. Cuando el mago supo de esta nueva, viajó inmediatamente a Roma y saludó tirándose a los pies del Sumo Pontífice. Con el mayor de los respetos le recordó su antigua promesa y le pidió el cardenalato para su hijo.

El Papa, enfurecido, no queriendo que se conociese su relación con el nigromante, lo amenazó con la cárcel, llamándole brujo y mal cristiano y le recordó que en Santiago había sido maestro en artes mágicas. Le ordenó regresar a Santiago y no salir de allí más en su vida bajo pena de muerte y excomunión.

Entonces el mago dijo:
-Pues tendré, entonces, que comerme las perdices que encargué.

La rubia despampanante se presentó y el brujo le ordenó que las asara. A estas palabras, el Papa se halló en la vivienda del brujo en Santiago, de la que, en realidad, nunca había salido y se dio cuenta que seguía siendo simplemente deán. Sintió tal vergüenza que no daba con forma de disculparse. El mago le hizo saber que no podía ayudarle en sus estudios como el deán pretendía. Lo acompañó hasta la puerta y le deseó un buen día. :smt074


:smt096


Bueno, la versión de Borges era bastante más corta y mucho más sucinta que la mia. Yo la he aderezado y vestido un poco. Ja, creo que la mia es bastante mejor :P

Un saludo.
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Notapor Joel » 22/8/2008 14:51

Muy bueno =D>
Поехали!
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Notapor espejo » 29/8/2008 13:15

30 cms....? :D
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Notapor franc » 29/8/2008 14:42

espejo escribió:30 cms....? :D


Depende del observador :smt042 :smt042


saludos
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Notapor Carlos V. » 27/10/2008 19:29

Navegando por internet he encontrado esta interesante noticia:

el libro más extenso del mundo

bueno ya tenemos un nuevo miembro que añadir a nuestra pequeña colección de las cosas más extensas junto con el Universo, la ignorancia humana y la ingratitud humana de las que ya hemos hablado.

Un saludo.
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Notapor cristian » 27/10/2008 20:26

Si hablamos de Borges y de libros muy grandes, ninguno mayor que "El libro de Arena".

Saludos.
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Notapor As_tronomo » 28/10/2008 15:37

Lo más grande que existe?
Tengo razones de mucho peso para creer que es el universo.
Sin duda alguna, el universo debe ser inmensamente grande como para poder contener en él, la lengua de mi suegra...

...aunque a veces, al igual que la paradoja de las cefeidas aparentemente "más antiguas que el universo", me temo que debe haber un error en los cálculos de la velocidad de expansión del universo, pues pareciera quedarse corto en tamaño, cuando mi suegra deja salir en toda su extensión a ese monstruo que guarda en su cavidad bucal. :lol: :lol: :lol:
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Notapor cristian » 28/10/2008 16:56

Como ya advirtiera el antropólogo español Joaquín Sabina, la longitud de la lengua es inversamente proporcional a la de la falda; aunque claro, no creo que sea el caso de tu suegra.

Saludos.
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Notapor As_tronomo » 28/10/2008 19:06

Bueno, en materia de faldas, no dudo que de lenguas también, mal haríamos al menospreciar la palabra de semejante “antropólogo”, pues el diploma mismo o hasta el PhD, ha de haberlo encontrado debajo de una falda…

…quizás en ese hostal donde le dieron las diez y las once, las doce y la una…
Así que, avanzando de silogismo en silogismo, podríamos concluir que lo más grande, vale decir el universo, pude ser tan vasto, como corta sea una falda. 8) :wink:

Tendremos que redimensionar los postulados de Hawking, hacerle ver sus errores y demostrarle que la verdad está ahí, al alcance de la mano...
…escondiéndose en una falda… :shock: :lol:
Saludos.
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